Pl. de Ntra. Sra. del Pilar, s/n, Casco Antiguo, 50003 Zaragoza

El museo

El Museo Pilarista reúne una gran variedad de objetos de distinto valor e interés, lo que puede dificultar identificar sus piezas más destacadas. Entre ellas sobresalen dos: el olifante de Gastón de Bearn, un cuerno de marfil del siglo XI decorado con motivos orientales y considerado la primera ofrenda documentada a la Virgen del Pilar; y el Libro de Horas de Santa Isabel de Portugal, una pequeña obra del siglo XVI encuadernada en plata y ricamente ilustrada con miniaturas.

También destacan otras piezas como el cáliz de San Juan de la Cruz, el cáliz utilizado por San Pío X, una carta autógrafa de Santa Teresa de Jesús, donaciones de la Casa Real española, una valiosa colección de joyas de los siglos XVI al XVIII y bocetos de Goya y otros artistas vinculados a la Basílica.

Además, algunas joyas vendidas en Zaragoza en 1870 fueron subastadas posteriormente en París y hoy se conservan en el Museo Victoria y Alberto de Londres, donde todavía se identifica su procedencia del tesoro de la Virgen del Pilar.

Expolios y subastas

El Tesoro del Pilar ha perdido parte de sus piezas más valiosas debido a dos causas principales: el saqueo francés tras los Sitios de Zaragoza y diversas subastas realizadas para financiar la construcción y conservación de la basílica.

Durante la ocupación francesa, el mariscal Jean Lannes se llevó numerosas joyas con la complicidad de autoridades eclesiásticas afrancesadas. Entre las piezas desaparecidas destacaban la gran corona del arzobispo Buruaga, varios joyeles nobiliarios y el valioso pectoral de la reina María Bárbara de Portugal.

La pérdida más significativa se produjo en la subasta de 1870, en la que se vendieron 523 lotes para obtener fondos destinados a concluir las obras del templo. Entre ellos figuraban joyeles, relicarios, relojes y otras piezas excepcionales de los siglos XVI y XVII, de gran valor artístico e histórico.

Posteriormente se celebraron otras tres subastas (1979, 1980 y finales del siglo XX), aunque de menor importancia y limitadas a alhajas sin especial relevancia artística o histórica. En la actualidad, los donantes son informados de que sus ofrendas podrían venderse en caso de necesidad para sufragar la conservación de la basílica.